viernes, mayo 09, 2008
Siento la lluvia sin mirarla, suena en los tejados y en las calle, limpiando la ciudad de amenazas, recordándome el verde de casa, y la soledad aparente del silencio, que no es verdad.
El viento apenas fresco entra por las ventanas, y yo sigo acurrucada en el cascarón de mi alma, en un refugio inexistente y solitario, donde nada puede limpiar las culpas y remordimientos, donde el único consuelo, la remota posibilidad, es acunarme en tu cuerpo y sentir que sabes.
miércoles, abril 30, 2008
Aclarado.

Reconstruyo el mundo y decido verlo todo nuevo. Empezar por no-sé-dónde, con la condición de liberarme de prejucios, no sirven las condiciones previas en esta senda.
Pero es difícil entender el mundo sin recuerdos, anular lo vivido para poder olfatear lo que hay más allá de la costumbre, y mirar con ojos limpios de años y vidas, que no arranstren lágrimas ni fotografías, que sean absorventes y sinceros, nuevos.
Necesito un colirio existencial, para limpiar el cansancio y arrastrar las visiones amargas.
Compatible con lentillas, para no distorsionar la tonalidad. De matices se hace la diversidad, y yo no quiero perderme nada, porque aún no sé si me va a gustar.
domingo, marzo 30, 2008
AÚN, MÁS
Sueños poco lúcidos de noches, tapados por los primeros pensamientos del día, hundidos en la oscuridad donde se guarda lo que no salvamos al recordar.
Melancolía que no pasa, no pesa y no tiene causa; ahí está, limitándose a ocupar un espacio al que se ha acostumbrado, sin discusión ni malestar.
No se va el frío de las sábanas, por más vueltas que de entre las mantas, por más capullo imaginario en el que me acurruque, hasta la primera luz que viene de la alarma, que me recuerda la noche y me trae noticias sin palabras. Y ahí quedan, esas sí, sensaciones viejas de vuelta, extrañas fuera de lugar, invadiendo un espacio que no les pertenece pero que les deja hueco, aún sin ganas, aún con los (muchos) anhelos tirando hacia otro lugar.
Pero la realidad, aun reajustada, no permite omitir el vacío, ni cerrando los párpados con fuerza, ni abriendo la mente a las expectativas, ni apretando recuerdos palpitantes, que no se escapen al respirar.
Melancolía que no pasa, no pesa y no tiene causa; ahí está, limitándose a ocupar un espacio al que se ha acostumbrado, sin discusión ni malestar.
No se va el frío de las sábanas, por más vueltas que de entre las mantas, por más capullo imaginario en el que me acurruque, hasta la primera luz que viene de la alarma, que me recuerda la noche y me trae noticias sin palabras. Y ahí quedan, esas sí, sensaciones viejas de vuelta, extrañas fuera de lugar, invadiendo un espacio que no les pertenece pero que les deja hueco, aún sin ganas, aún con los (muchos) anhelos tirando hacia otro lugar.
Pero la realidad, aun reajustada, no permite omitir el vacío, ni cerrando los párpados con fuerza, ni abriendo la mente a las expectativas, ni apretando recuerdos palpitantes, que no se escapen al respirar.
Y el deseo, que no acaba, que muta, crece y cambia, que se sorve y no absuelve, no perdona las ausencias ni las ganas, queda y oprime; diferentes ansias
espera
esperas.
viernes, marzo 21, 2008
Aprendizaje
Empiezo a aprender la soledad buena, y a conceder treguas al pasado.
Mientras no pueda soplarte mi paz,
(para que lo creas),
te daré abrazos en silencio,
fingiendo
que estás,
que el ritmo
es el bueno
y no ando por el margen
del acierto.
jueves, marzo 13, 2008
Vértigo
¿Cuántas cosas quedarán, qué es lo que perdurará en la memoria más allá de los años y los huracanes, las decepciones y las hojas rasgadas de recuerdos y lágrimas?
No quiero apostar, no quiero saber lo que volveré a ver a través de mis yemas o lo que será un fotograma por el que pasar sin tacto.
Casi todo viene y va, circunstancialmente, mucho no vuelve; a veces cuesta descubrir los pilares estructurales, saber a quien echaremos de menos, o quien no llegará nunca a marcharse, construyendo puentes invisibles y resistentes a cualquier invasión, protegiendo el paso a los buenos momentos, al hogar de un abrazo o una mirada.
Crecemos con cada cuerpo y cada ciudad, cada decepción y cada adiós que queda sin pronunciar. Entre los desencuentros nos reencontramos, y, algún día, sabremos que no queremos separanos más.
No quiero apostar, no quiero saber lo que volveré a ver a través de mis yemas o lo que será un fotograma por el que pasar sin tacto.
Casi todo viene y va, circunstancialmente, mucho no vuelve; a veces cuesta descubrir los pilares estructurales, saber a quien echaremos de menos, o quien no llegará nunca a marcharse, construyendo puentes invisibles y resistentes a cualquier invasión, protegiendo el paso a los buenos momentos, al hogar de un abrazo o una mirada.
Crecemos con cada cuerpo y cada ciudad, cada decepción y cada adiós que queda sin pronunciar. Entre los desencuentros nos reencontramos, y, algún día, sabremos que no queremos separanos más.
jueves, marzo 06, 2008
Deshilachando mantas
Resisto las ganas de agarrarme a tu solapa y no dejarte marchar.
Lloro menos lágrimas (que no me quedan) pero por dentro siguen cayendo, y son las que duelen más. Recuerdo el amago de sonidos entre tus labios, como un mantra eterno, y me cuesta cambiar de cara para seguir con las demás canciones; a saber si encontraré otra sonrisa tan bonita, las rarezas estupendas de las caras b se hacen desear.
Huir no sería irme más lejos, tan lejos como me siento ya, sino construir un muro con retazos del cuerpo que se me cae y quedarme dentro, atrapada en mí misma con los ojos cerrados para no volver a amar, porque lo que se quiere duele, y es difícil coser nuevas ilusiones si luego, al tirar del hilo, los pequeños agujeros van a ser pinchazos inconsolables por los que se escapa el calor, y queda solo el patrón para empezar, de nuevo, a bordar.
Lloro menos lágrimas (que no me quedan) pero por dentro siguen cayendo, y son las que duelen más. Recuerdo el amago de sonidos entre tus labios, como un mantra eterno, y me cuesta cambiar de cara para seguir con las demás canciones; a saber si encontraré otra sonrisa tan bonita, las rarezas estupendas de las caras b se hacen desear.
Huir no sería irme más lejos, tan lejos como me siento ya, sino construir un muro con retazos del cuerpo que se me cae y quedarme dentro, atrapada en mí misma con los ojos cerrados para no volver a amar, porque lo que se quiere duele, y es difícil coser nuevas ilusiones si luego, al tirar del hilo, los pequeños agujeros van a ser pinchazos inconsolables por los que se escapa el calor, y queda solo el patrón para empezar, de nuevo, a bordar.
domingo, febrero 24, 2008
Alucinada (aluninaza...)
Aún dura la resaca del 20, del eclipse lunar que muchos subestiman o ignoran, de cuyos efectos posibles, probables, fatales o inesperados pensaba teclear.
Pero no lo estoy haciendo.
Estoy de vuelta, de todo, y más.
El influjo irónico de acontecimientos ha alterado mi percepción.
Sin más, sin pronombres, sin acotaciones, sin catalogar: acontecimientos: vivencias, sentimientos, hechos, yo.
Así pues, me uno al camino escéptico o más aún indiferente, y tan sólo dejo constancia del vaivén de la realidad: llamémosla vida, destino, aventura, devenir constante o circunstancial... Como digo, qué más da, y qué más dará si los días se suceden y la lluvia que ha mojado la ciudad deja sólo un gris nuevo en el que no caben historias pasadas, arrastradas entre socavones y alcantarillas.
Pero no lo estoy haciendo.
Estoy de vuelta, de todo, y más.
El influjo irónico de acontecimientos ha alterado mi percepción.
Sin más, sin pronombres, sin acotaciones, sin catalogar: acontecimientos: vivencias, sentimientos, hechos, yo.
Así pues, me uno al camino escéptico o más aún indiferente, y tan sólo dejo constancia del vaivén de la realidad: llamémosla vida, destino, aventura, devenir constante o circunstancial... Como digo, qué más da, y qué más dará si los días se suceden y la lluvia que ha mojado la ciudad deja sólo un gris nuevo en el que no caben historias pasadas, arrastradas entre socavones y alcantarillas.
El cuento de la existencia, entonces, acaba de empezar. La vida no espera, es, y, fijándome en ella, he dedicido dejarme ser, aunque ser canse, porque no se puede dejar de respirar.
Y porque empiezo a descubrir (atisbo, apenas...) que prefiero ser que estar.

